El alumno, el espejo y la vocalización.

Vocalización: Ejercicio de canto que consiste en realizar una escala de notas empleando una sola vocal o sílaba. «la vocalización permite controlar la regularidad y la calidad en la emisión del sonido»

 Pensemos en un día de entrenamiento en el gimnasio. Cada persona asiste para atender una necesidad específica: están los que quieren ganar masa muscular, perder peso, tonificar, fortalecerse como actividad secundaria a una disciplina. Para esto, es importante entender nuestro cuerpo, respetarlo y saber cómo podría sacarle mayor provecho.
Lo mismo con tus clases de canto.
Tus clases de canto no solo son un espacio donde puedas expresarte y cantar a todo pulmón tu repertorio favorito. Es tu área de trabajo y fortalecimiento. Literal, tu coach o tu maestro te dará ciertas rutinas, que deberás ejecutar en cada sesión con un objetivo. ¿Cuál te preguntarás? podrá ser para tu afinación, agilidad, colocación, potencia, reconocimiento de tus resonadores (o todas las anteriores). Y aunque es muy importante que tu maestro pueda proveerte de una buena guía, es igualmente valioso tu concentración en este proceso.
SI, leíste bien. Tu completa atención a lo que sucede durante tu sesión. ¿por qué? porque cantar es hacer consciente lo inconsciente.
Ahora, elaboraré un poco más mi análisis. Ya te había contado mi razón de tomar clases de canto, poder hacer con mi voz lo que yo quisiera (que ambiciosa). Así que mis días de clase consistían en lo siguiente: recuerdo llegar a una pequeña escuela, cerca de la zona de centrito valle, abrir una pesada puerta y subir unas escaleras cuyo piso estaba tapizado por una alfombra roja, llegar al segundo piso y entrar a un salón en donde encontraría un espejo sencillo de cuerpo completo, un banquito, el escritorio, mi maestro y su piano. A diferencia de lo que pudieras pensar, llegar a mi clase me provocaba un poquito de nervios. Sentía que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Al llegar, saludaba a mi maestro, entablábamos una pequeña charla para ir rompiendo cada vez más el hielo y después de las formalidades, mi maestro comenzaba a darme algunas instrucciones de ejercicios de vocalización. Y ahí estaba yo, sentada, tratando de replicar los sonidos que mi maestro emitía, preguntándome si me veía curiosa, preguntándome si estaba sonando tan mal como pensaba en mi cabeza (y en mis oídos) si acaso estaba haciendo caras raras o si inclusive mi nariz se veía mucho más grande de lo normal. Me preocupaba por todo, menos lo importante: lo que estaba sucediendo con mi voz y mi cuerpo en ese momento. Y claro, es entendible. Yo siempre he pensado que una clase de canto nunca es igual para nadie. Es que dentro del desarrollo de la técnica, realizamos una búsqueda experimental y subjetiva dependiendo de cómo vaya sensibilizándose cada persona.
En ocasiones, cuando no lo pensaba mucho y solo cantaba, notaba que mi maestro sonreía y me decía: “¡Perfecto! vamos a repetir ese lugar que acabas de encontrar. ¿Lo sentiste?” y en lugar de pensar en la retroalimentación positiva, pensaba en ¿De qué está hablándome? ¿Lugar? no puedo ver. No puedo ver mis cuerdas, no puedo ver nada de lo que estás hablándome. Solo puedo ver mi boca hacer los gestos más extraños, notar las mil caras que hago para poder hacer sonar una vocal “decente” a los ojos de mi maestro. Pensaba “No, no puedo repetirlo, o vaya puedo intentarlo pero no sé como vaya a salir” (aquí entraría mi frase favorita de Yoda: Do or do not. There’s no try). La verdad, es que en retrospectiva estaba haciendo el mínimo esfuerzo por involucrarme en mi clase (algo como cuando Andy Sachs hace el drama laboral de su vida porque Miranda Priestly no la quiere, y Nigel la hace ver que no estaba en realidad esforzándose por involucrarse correctamente en su trabajo al ser criticona y sintiéndose intelectualmente superior a la vida superficial de aquellos involucrados en la moda y demás aspectos que no analizaré ahora, pero que probablemente vea en estos días la película, porque es de mis favoritas).
Volviendo a mi historia, durante los 40 min que estaba ahí, admito que dejaba toda la responsabilidad a mi maestro y me conformaba con los últimos 10 min en los que podía cantar lo que yo quería (y luego todavía me preguntaba por qué no avanzaba o por qué no me salían algunas canciones). Hasta que un día, por fin el destino buscó que aprendiera mi lección: oficialmente recibí mi primera llamada de atención por mi falta de interés en clase. Sucedió algo así: misma rutina: saludo, plática amena, pasamos a los ejercicios, insistentemente se me invita a pararme frente al espejo para revisar la apertura de mi boca y mis vocales, específicamente la “o”. Ah la “o”, mi vocal que me dió tanta lata, que era enrollada, hacia atrás y algo engolada. Se me había pedido que acomodara mi “o” de forma adecuada a lo cual, dije que no necesitaba el espejo porque “QUE VERGÜENZA, tengo 22 años y claro que puedo hacer una vocal que aprendí en el kinder”; que no pueda controlar mi propio cuerpo sin ver, así que decidí hacerlo “bien”, hasta que el piano se detiene, el maestro eleva la mirada y me dice muy serio “No, ya te había corregido muchas veces y sigues sin hacerlo”. Admito que me congelé un poco. Tenía razón, no había estado esforzándome por pensar en la incomodidad del espejo, en la incomodidad de mi sonido, pensando en lo que “debería de ser” y de lo que actualmente no era y en consecuencia en lo que no se iba a convertir. Demasiados fantasmas en mi cabeza que no dejaban ponerme a trabajar.
Flashback, estoy frente al espejo, puedo notar el suéter verde esmeralda 3/4 (favorito de momento), bufanda de colores (recuerdo de mi intercambio en Francia) y que estaba usando lipstick (nunca lo hacía, gracias Tracy). Abrir los ojos un poco más y darme cuenta que lejos de cómo me veía, como en los Thundercats, no estaba viendo más allá de lo evidente, notaba lo superficial y no el verdadero trabajo que quería lograr. Estaba distraída por mis miedos e inseguridades, y aunque si, estoy frente a alguien que está guiándome, yo tengo que ayudarme al caminar. Pensaba, había llegado a ese lugar porque quería cambiar, quería aprender. Quería hacer algo diferente o podía dejarlo así, en la comodidad o realmente enfrentar lo que veía en el espejo, trabajarlo y ver que hacia dónde podría llevarme. Así que después de unas incómodas y graciosas sesiones frente al espejo, ahora la “o” es de mis vocales favoritas para vocalizar.
Ok, de regreso a clase; y eso, ¿para qué me sirve? Para desarrollar tu técnica. Para mi, la técnica es saber qué me sucede, poder tener la “libertad” de tomar decisiones vocales adecuadas y en consecuencia tener un control de mi instrumento. Traducción: hacer lo que tu quieras con tu voz (¡Tarán! mi objetivo principal desde un inicio)
¿Sé puede? La respuesta es: SÍ. Pero, dependerá de tu responsabilidad como alumno. He escuchado muchísimas quejas acerca de maestros que no “son buenos”. Y aunque puede ser muy cierto, creo que es muy importante que como alumnos, seamos conscientes de nuestra responsabilidad en el proceso, de incluirnos, preguntar, investigar, trabajar y de aprender a enfrentar algunos fantasmas puedan interponerse en nuestro camino.
Así que la próxima vez que estés en clase, decide si quieres solo vocalizar, cantar los últimos 10 min o trabajar áreas específicas. Deja que tu maestro te guíe, pero ve con ánimos de aportar y aprender.
¿Qué hice yo? Me cambié de carrera a medicina y tomé clases de anatomía (NOT). Pero sí investigué muchísimo de cómo es que funciona nuestro cuerpo y déjame decirte que es bastante sorprendente y muy bonito. Por ejemplo, aquí te dejo un video bien padre de cómo es la laringe y su rol (está en francés, así que doble aprendizaje para ti):
Por acá otro más a detalle de nuestras cuerdas vocales y conocer algunas en acción:
No le tengas miedo al espejo, es decir, no tengas miedo de ti. Te vas a sorprender bastante de aprender qué puedes lograr.
Nos vemos en clase.