Hola cantante, te vas a enfermar. Es común.

Resfriado, gripa. Es común.
Menos en los cantantes. No podemos exponernos al frío, la gripa, y en consecuencia ronquera. ¿Te enfermaste? ah, probablemente no te cuidaste lo suficiente. Como si eso no fuera ya bastante, lo que realmente pesa es la frustración de no tener control de tu más preciada posesión: tu voz.
Porque, admitámoslo ¿quién eres si no cantas? o al menos eso me pregunto en mis momentos más existenciales. ¿Qué se supone que haga sin mi voz? Todo lo bonito que siento y puedo expresar es a través de ella (y si me conoces, sabes perfectamente que además de cantar, hablar es una de mis actividades favoritas). La solución a mi problema: guardar silencio.
No saben el pavor que me da el silencio. Las pausas, la ausencia de sonido, de música. Siento una falta de paciencia impresionante. En estos momentos, mientras escribo desde mi cama (en mi descanso obligado, por que no conozco lo que son vacaciones hasta que me pasa algo así), quisiera poder emitir algún sonido limpio y sin que se rompa. Sostener una nota de forma natural en estos momentos, me es imposible, y llevo así varios días. Tu podrás decirme: “bueno, Jimena ¿y cómo es que te sucedió eso? De seguro no te cuidaste. Podría decirte que se resume en mucho trabajo, desvelos, viajes, exposición a cambios bruscos de temperatura. Y aun así, no tendría la respuesta exacta. ¿Por que? por que no siempre estoy en control.
A principios de diciembre, fui con mi otorrino de cabecera y me dijo: “estás bien, es la época, trabajas con mucha gente y lo que tienes es un cuadro viral”. Virus. V I R U S.
Con o sin explicación. Procuro procesar eso para no romperme la cabeza en mi falta de cuidado, en buscar la perfección de mi cuerpo y entender que en el año, realmente no me he enfermado ni una sola vez. HASTA AHORA. Y que la perfección, no existe. Y que mi cuerpo, necesita descanso, necesita los altibajos, requiere de cuidado (por supuesto) pero el enfermarme, o aceptar que tengo que descansar no me hace irresponsable con mi “instrumento” (de hecho, estoy todo lo que debería, solo como dirían en Hamilton: “oh I can’t wait to see you again, it’s only a matter of time”).
En una ocasión, mientras buscaba opciones para seguir preparándome como cantante, revisé el programa académico de una universidad y llamó muchísimo mi atención que dentro de su plan de estudios, así como hablaba de las competencias a desarrollar al cursar la carrera, de la posibilidad de “lesionarse” (cosa que ya no me ha tocado leer). Aunque esto pudiera sonar bastante alarmista, pesimista o inclusive mal visto para la universidad, pienso totalmente lo opuesto, creo que es lo suficientemente honesto y realista. Tu cuerpo se desgasta, se trabaja, se puede lastimar. Y es parte de la vida. Eso no lo hace menos hábil o útil. Una ronquera no te hace débil. Tu paz mental te hace fuerte.
Vámonos al otro extremo. Hace meses, leí en “The guardian” un extenso, muy técnico y elevado artículo sobre cómo la microcirugía en las cuerdas vocales, era un recurso bastante solicitado en cantantes profesionales. De cómo los hemos orillado por el exceso de trabajo a recurrir a estas tan temidas y peligrosas opciones (remontándonos al caso fallido de Julie Andrews). Hablando de cómo Adele, había perdido sus habilidades vocales debido a intensas giras, viajes, excesos y abusos, de cómo se sometió a la maravillosa cirugía, se recuperó y ahora vuelve a cancelar sus giras. Y ahí vamos todos a opinar.
Admito que la información cuando circuló por mi cabeza, mi respuesta fue bastante negativa: “no se cuidan” pensé, y hasta llegué a compartir esa opinión con mis alumnos. La verdad es que, ni sé, ni me consta (Adele mi íntima amiga, no ha podido contestar ni mis llamadas o mensajes, pero meh, está muy ocupada, se hace lo que se puede). Entonces, ¿qué podría saber yo acerca de cómo se cuidan los demás? Más bien, la pregunta debería ser ¿Qué estoy haciendo yo para cuidarme y promover una buena salud vocal para mis alumnos? y lo que es mejor ¿Cómo entender, que solo es una gripa y cansancio?
Dejemos a un lado la palabra “normal” y hablemos sobre qué efecto me causa estar constantemente enfermo. Muy sencillo: Si constantemente te encuentras afónico, disfónico, alérgico o cualquier otro evento que te impida usar libremente tu voz, y quisieras usarla, nos encontraríamos en un estado negativo.
Creo que cualquier alternativa mientras sea saludable en un largo plazo, no seas dependiente y te provea de un buen rendimiento, es un escenario positivo.
Ahora, que si como yo estuviste en cama, leyendo esto, te comparto lo que he procurado hacer para apapacharme en lo que pasa la enfermedad:
    1. Tomar muchos líquidos: Arrasar con la vitamina C, tomándome un delicioso jugo de naranja recién hecho y muchos líquidos. Algo que no recomiendo (y perdón mamá si estás leyendo esto), pero si estás produciendo flemas, evita todo lo que tenga azúcar. Me prepararon una deliciosa limonada que después me trajo con una sensación de pesadez en la garganta (culpo al azúcar), así que mejor opté por agua natural.
    2. Té: de preferencia natural (no de sobrecito, aunque sí, claro que consumo té de manzanilla en sobrecito). He traído una tos muy productiva y una no tan productiva (la peor, que te cansa, te desgasta y te irrita). Así que he estado oscilando entre té de manzanilla, jengibre. Lo mejor sería tomar té de gordolobo (chistoso, lo sé) es el mejor para combatir la tos, y aunque no lo he hecho, en una ocasión de tos intensa lo tomé y santo remedio. Con natural me refiero al té de jengibre. Compra la raíz, es muy sencillo prepararla y de verdad que el efecto es mil veces mejor. Dentro de mi desesperación por la afonía, corrí a comprar jengibre y oh sorpresa, no había. Así que corro a la sección de tés para encontrar un supuesto (y muy caro) té de jengibre con naranja QUE NO HACÍA NADA.
    3. Dormir. Subestimamos esto por mucho. El descanso es bueno, es importante, es VITAL. Tu cuerpo necesita ese tiempo de reposo para recuperar sus energías. Inténtalo. Para mi fue muy difícil (aunque no lo parezca), acostarme y ver series, no hablar e intentar dormir en las tardes. Lo hice 3 días y me recuperé mucho más rápido que el tomar cualquier otro medicamento.
    4. No hables. Ni bajito, ni casi “en secreto”. De hecho es peor. Tus cuerdas necesitan regresar a su estado natural. Si continuas la vibración lo único que harás es provocar un desgaste aún mayor, promoviendo la inflamación y hasta el rompimiento de algunos vasitos sanguíneos que impedirán su correcta función.
    5. Medicinas con horario. Si ya estás en un tratamiento, complétalo en tiempo y forma, no porque ya te sientas bien le metas turbo a tus actividades, ve poco a poco.

Sonríe. Estás enfermo. Está bien, es común. No hiciste nada malo, o a lo mejor te excediste, pero ya estamos aquí y no queda más que recuperarse, y cantar de nuevo. 3 opiniones de amigos médicos pedí y todos dijeron lo mismo: descansa, líquidos y muchos tés.

Nos vemos en clase.