Muchas gracias por ser parte de este proceso.

“Muchas gracias por ser parte de este proceso. Desafortunadamente el equipo creativo considera que en esta producción no tenemos algo que ofrecerte”

Entre ni el barullo de la plaza, el ruido interno en mi cabeza de «sí o no», la culpa de la combinación más rara entre un chocolate caliente, crepa de plátano con nutella y las papitas fritas que acababa de comerme, no hubo más que un silencio y calma (creo). Solo era un correo y contenía la frase más temida a recibir por muchos que nos encontramos en proceso de audiciones: Gracias, pero no gracias.

Las preguntas son infinitas, se paraliza el tiempo y la angustia comienza a crecer dentro:
¿Por qué no quedé?
¿Ya terminó todo?
¿Será que me puse el outfit inadecuado?
De seguro notaron mis nervios.
Tanta inversión en cursos y clases ¿para esto?
¿Para qué hacía el viaje si me iban a decir que no? No contaba con ese gasto…
¿Qué es este sentimiento? ¿Por qué decidí intentar esta profesión?
Y la peor: ¿será que no tengo talento?

Alto ahí. Nada ni nadie podrá evitar que sientas estas emociones. La desilusión, tristeza, ansiedad e incertidumbre son etapas que creo necesarias para acreditar tu crecimiento en esta parte de tu historia .

¿Algo que ofrecer? Sabes algo, creo que prefiero pensar lo siguiente: tienes TANTO que ofrecer que para la reducida lista de características necesarias para esta específica producción, resultas inadecuado. Pero es mucho más sencillo darle la connotación negativa en vista del resultado obtenido y que buscamos pertenecer. Conseguir un sueño, quién diría que perseguir un sueño sería sencillo.

¿Por qué es tan complicado? Uy, una infinidad de factores. Puede ser que te sientas tremendamente identificado con el proyecto y sea tu sueño participar, porque quieres probarte en las grandes ligas, y a esto me refiero porque no existen tantas producciones de calidad en donde no solo sueñes con brillar orgullosamente en aquel programa de mano, sino que tengas la oportunidad de trabajar con los mejores, exploten tu talento y te hagan ser el mejor. Eso es complicado.

Volvamos al presente. Voy en un vuelo de regreso a casa, como muchos de mis amigos que tomamos el riesgo de subirnos a un avión a ofrecer tanto, para ver si podíamos acotar lo suficiente. ¿Que cómo me siento? Aún no lo puedo describir muy bien. Pero te cuento así fresquito para alterar la evidencia lo menos posible (procuraré reservarme la edición): me siento orgullosa de mi trabajo, de valorar lo suficiente para no permitir que ésta “negativa” me tumbe como pudo haberlo hecho antes (porque lo admito, lo ha hecho). Porque aunque sea lo que sea (decisiones de perfil o no) yo prefiero pensar que así fue y que lo que entregué en esa audición era honesto, vulnerable y capaz. Me siento triste, porque no avancé. Porque hice un esfuerzo en muchos aspectos que no se si estaba lista y que ahora habrá que enfrentarlo. Me siento cansada, porque dormí fuera de casa, me enfermé del estómago, me bañé con la presión de agua más pequeña del mundo, en un depa pequeño, durmiendo en cama ajena (no tan cómoda pero si acogedora), recordé lo que era tener roomies y caminar grandes distancias con la mochila sobre mis hombros. El comprar un súper, administrarlo. El perder la comodidad de tu auto o las calles conocidas. El recordar disfrutar de perderme en la ciudad, los museos y de las costumbres de la gente. Tlacoyos en la calle y aventarte a probarlos (aunque sea poquito). Me siento valiente, porque la ciudad no me asusta, ni sus historias, ni sus personas. Al contrario, me motivan y me emociona el encontrarme con ese tipo de retos (por más intensa que suene). Me siento sorprendida, de todas estas emociones porque no sabía que esto significaba tanto para mi, lo cual deberé soltar, y procurar contarte lo importante de prepararte y seguir adelante.

Porque tuve la oportunidad de hacer un proceso de audición con gente increíblemente talentosa. Porque tuve la oportunidad de hacer una audición frente al equipo creativo de un musical posicionado en Broadway. Me di la oportunidad.

¿Que te digo? Es maravilloso ver a la gente llegar puntual a sus audiciones. Con partitura bajo el brazo. Verlos a unos concentrados, algunos alejados pero alertas. Con sus termos en mano, sabrá Dios si solo era agua caliente y miel, té, o la bebida que les diera ese extra de seguridad como la pócima que les da Michael Jordan a los Looney Tunes al medio tiempo de los monstars (space jam). Notar sus nervios antes de pasar y darte cuenta que claramente era un espejo a ti mismo. Sus sonrisas al cruzar la puerta y al salir, o algunos suspirar. El ir y venir del staff de producción, que no para, que se les nota cansados de escuchar a tanto cantante, caminar las mismas distancias un día entero y que probablemente sus únicos breaks sean para ir al baño o comer. El reconocer a tu gente y sentirte menos nervioso al menos, dividir el peso al conversar de trivialidades y darte cuenta que estás en una audición y lo “prudente” sería re leer una partitura que ya te sabes.

Que si tomas agua. Que si mejor ya no. Que si las pastillitas de propóleo, los granitos de sal o las ocasionales trompetillas de algún vecino o vecina. El sentarte en las mesitas altas porque están más cerca de la puerta o mejor pararte. Pensarle para ir al baño para que no te vayan a regañar por ausencia. Escuchar tu nombre acompañado de un “prevenido” y que la electricidad te recorra el cuerpo. El notar que alguien viene completamente solo, está nervioso y no sabe si puede integrarse a tu grupo (puedes hablarle, ser competitivo no significa no ser amable).

Que ¿qué fue lo que sucedió dentro de la sala?. Te puedo contar parte por parte. Cómo llevaba el suéter negro, mis botitas y la falda rosa (que es cómo mi signature en la vida y aún no entiendo cómo llegué a eso dado que es un color que detestaba, pero ok de vuelta a la historia). Cómo abracé mi book para sostener cada parte de mi. Como ví al piso y al levantar la mirada sonreí, ví la puerta abrirse y al escuchar: «Jimena, adelante» caminé con seguridad. Cómo dejé mis partituras en el atril, observé el cuarto, saludé a todos los presentes en español y posteriormente en inglés (porque sentía que sería demasiado descortés al no hacerlo). Cómo me pidieron interpretar la pieza, sentí la electricidad, los nervios y dije: DÉJATE IR. Y así fue. Conté una historia, aproveché mi momento. Terminé y lo más inesperado y agradable fue recibir comentarios positivos.

Suena bien padre, ¿no crees? Tantos comportamientos sociales, todo en un periodo de 30 min a 1 hr. Por eso mi insistencia de: ve, lánzate a la audición, vívelo tú y cuéntame tu historia.

Hoy mi historia no es como maestra, sino como cantante. Cómo empaque y me fui de casa pensando que ahora sí estaba empezando un proceso que podría llevarme lejos de todo lo que tenía tan cerca. Y aunque suene bien dramático (finalmente así somos los artistas) ya estoy de vuelta, créeme que aquí es donde te das cuenta de qué estás hecho, tú y tus sueños. El pasar una sensación de ansiedad que jamás había experimentado: “te avisamos por correo”. Mejor me hubieran dicho que me moría (broma). Pero siendo honesta pensé: “y ¿si sí?. Ay nanita, ¿qué implicaría? No había llegado tan lejos, no había experimentado esta madurez y comentarios positivos. Ese día, había caminado muy lejos de casa, y aunque no soy muy apegada, por unos minutos, mi mundo comenzó a desmoronarse, con la promesa de construir algo nuevo y diferente.

Volvemos al inicio de mi historia. Tres personas en una mesa en una plaza donde mi historia pasaba junto a la muchísimas más. Con el celular en la mano, dando refresh sin parar pensando «ok, sí, va» y justo antes de que mi mente pudiera divagar más, recibí el “fatídico” correo. Pensé que desataría otro tipo de emociones en mi, pero aparentemente no lo fue. Me sentí de alguna manera, libre. Y por supuesto al día siguiente, muy enferma de tanto estrés.

El viernes volé a casa, siempre volando en mi cabeza. Los sentimientos por todos lados, porque tuve un pequeño destello de un mensaje del universo que continuamente me dice: esto podría ser. Me lo dijo cuando decidí cantar un solo por primera vez y quedé. Me lo dijo cuando decidí audicionar en proyectos de escuela y quedé. Cuando quise audicionar a AMDA y me ofrecieron una beca (pero no pude asistir). Cuando tomé el primer vuelo y tuve el primer callback. Esto siempre podría ser, pero ¿estaré lista? ¿Será el tiempo? Creo que cuando es para ti, es que la vida lo cruza en tu camino. No hay casualidades. Solo señales en el viento.

Antes de que consideres que mi historia puede ser un second best o un fin más de cualquier cantante en un filtro muy pequeño, no terminé de contarte que mi correo concluía con: “Gracias, nos vemos en las próximas audiciones”. Por supuesto, genérico para darse abasto con la cantidad de personas a enviárselo. Pero la diferencia es que yo reconozco que mis sueños, mis ideas, yo no lo soy. Así que, sí, gracias. Por la oportunidad de escucharme, pasar filtros y permitirme hacer una audición frente a los grandes. Gracias a mis maestros que me prepararon para este momento. a cada persona que se tomó el tiempo de mandarme buenas vibras y apoyarme en mis momentos de duda. Por supuesto que me verán con muchísimo que ofrecer, abrazando con valor nuevamente esta vertiginosa incertidumbre.

Nos vemos en las próximas audiciones.