Quiero cantar ¿Por dónde empiezo?

La pregunta del millón.

¿Qué canto?

Cuando llegué a mi primer clase de canto el procedimiento fue sencillo. Fue como un «check-up» preguntas de rutina:

  1. ¿Qué haces aquí?
  2. ¿Qué te gustaría aprender?
  3. ¿Has tomado clases de canto antes?
  4. ¿Conoces términos como: rango vocal, voz de pecho, voz de cabeza, voz mixta?
  5. ¿Cuál podrías decirme que es tu mayor problema al cantar?
  6. ¿Qué te gusta cantar?
  7. ¿QUÉ VAS A CANTAR HOY?

Pasa muy seguido que por mi puerta entran alumnos con muchas ganas de aprender pero en cuanto les digo ¿qué quieren cantar? el rostro cambia de la vergüenza al pánico. Claro, procuro dar los suficientes ánimos (como ya lo habrán notado en clase) y decirles que está bien, que pueden cantar lo que gusten, que es SU CLASE y que me encantaría verlos y escucharlos cantar algo que fuera enteramente de su agrado a lo cual normalmente la respuesta es: «no sé» «dime tú».

PARÉNTESIS

Cuando inicié en mis clases de piano, íbamos conforme la guía de un libro que mi maestro cuidadosamente había seleccionado para mi. Primer reto: tocar las «martinillo». Entiendo, melodía simple, con un acompañamiento lejos de complejo. Algo nivel «bebé».

He analizado muchas veces este punto y a veces regreso al mismo lugar pensando «no estoy segura si hay canción: nivel bebé». Y es más ¿por qué iniciar con nivel bebé si ya sabes hablar y cantar?

Permítanme elaborar aun más (que estoy algo inspirada mientras como nieve de chocolate directamente del botecito -no shame. Creo que cuando llegas a tu primer clase de canto es responsabilidad de nosotros como maestros identificar tus áreas de oportunidad, el estado en que se encuentra tu voz y definir un curso de acción a tomar. De ahí que yo siempre digo en clase que no existe un hilo negro al momento de enseñar, pero que es muy improbable que dos personas tengan los mismos ejercicios, objetivos, estructura. Las clases creo deben ser personalizadas y ojo maestros: nosotros debemos ser muy atentos al escuchar lo que busca nuestro alumno y por lo tanto ser esa guía.

Volviendo al tema y siguiendo con ésta barbaridad de que tu puedes iniciar con cualquier canción: lo sostengo. Ahora que el avance que vayas teniendo dependerá de tus habilidades físicas, mentales y también del trabajo junto con tu maestro.

¿Qué te recomiendo para no llegar en blanco a tu clase?

  1. Escucha muchísima música. De todo tipo, de lo que te guste: vocalistas hombres, mujeres. Diferentes géneros.
  2. Haz una playlist en plataformas de reproducción en streaming. Yo hago esto con mis alumnos. Hacemos una playlist compartida, de forma que van agregando canciones que les gustaría (les digo, piensa en corto, mediano y largo plazo) ¿cómo te gustaría sonar? ¿qué te gustaría lograr? Se vale soñar. Ya de por sí, esta clase será lo más divertida, imaginativa e intangible, por qué no sería válido que yo te permitiera agregar canciones que ni tu ni yo sabemos si podrás interpretar. Sólo si te arriesgas 😉
  3. Haz tu book. Tu libro de partituras. Vaya como le quieras llamar. Ya he hablado de esto antes, es la forma más responsable, la más adecuada y la mejor de tener un control de lo que vas preparando. Es tu carta de presentación en audiciones de musicales o si ya eres súper tech pues entonces en tu ipad, donde podrás llegar a hacer una audición a un grupo versátil y tener unas cuántas canciones a la mano.
  4. ¡Aprovecha tu clase! Hace un momento le explicaba a una nueva alumna cómo sería su estructura de clase y lo que yo recomendaba. Crear una especie de rutina. Sin embargo para que funcione también tienes que estar en el mismo canal. Aprovéchalo, es tu momento y si un día quieres entrar por mi puerta (por favor con aviso previo) y solo cantar, hazlo. Si quieres vocalizar, hazlo. Tú tienes el poder de decisión (claro, tendré que intervenir de vez en cuando) pero es válido lo que tu buscas 🙂

Ok. Después de esto ¿aun no sabes que cantar? piensa que necesitas una canción para tooooodo en esta vida de audiciones (piénsate ya en el escenario). Recuerda que las audiciones se preparan cuando no hay audiciones. No lo pienses demasiado y comienza por una canción que te sea familiar, cómoda inclusive. Es importante reconocer que estás desarrollando una habilidad y que no hay vergüenza alguna en iniciar con una canción que ya esté demasiado escuchada, «básica» inclusive. Me choooca esa idea. Tú puedes cantar lo que tu quieras, tú puedes hacerlo sonar totalmente diferente con tu personalidad, con tu voz, con tu fuerza. Así que ¡inténtalo!

Porque el amor y la música, pueden cambiar el mundo.

I’m back!

Después de un tiempo de pausas, donde me permití dejarme ir a donde la corriente me llevara (algo que normalmente me cuesta algo de trabajo). Honestamente este medio año ha sido un gran viaje, una fiesta y un momento donde tuve que hacer una breve pausa por haberme dejado en un lugar interesante: el punto de inicio.

Que te puedo decir, es casi la 1:00 am, estoy en extremo cansancio y en proceso de recuperar mi cuerpo y mi mente de la exigencia post funciones (y que además traigo la información lo suficientemente fresca) pero no puedo dormir sin terminar de hablar de algunos puntos que considero importantes del aprendizaje/proceso como cantante a través de una breve historia de errores que llevaron al fracaso y en consecuencia al acierto y para mi, lo que es el éxito. Traté de resumirlos en lecciones a través de canciones (que curiosamente desatan la historia), así que este post es un momento de reflexión, aprendizaje y agradecimiento a través de canciones que me han llegado por las circunstancias correctas.

  1. Sueña: en algún momento recibí una invitación a una audición (justo como la serendipia que recibí en carrera y que ya había platicado alguna vez) no sabía del proyecto, no sabía de las personas. «Se veía bonito el poster» pensé. Era un día frío y gris (de mis favoritos del momento, y que ahora prefiero los de sol) recuerdo caminar atravesando el estacionamiento rumbo a una academia que jamás había visto (y que luego me llevó a tantas oportunidades) y al entrar me di cuenta que no había mucha gente en la fila. Le llamé a mis amigos cercanos, esperando encontrar algo de apoyo pues…moral creo (ya saben que uno se pone muy nervioso en las audiciones, y este era de mis primeros proyectos por fuera de la Universidad) saber que al menos ellos ya habían pasado por ahí de daría algo de tranquilidad, y para mi sorpresa, nadie sabía de esa audición y que me encontraba sola en un nuevo viaje. Importante chavos, una vez que audicionas es porque te interesa el proyecto, porque estás un 98% seguro que dispones del tiempo y tienes un nivel de compromiso. Volviendo a mi historia, la verdad es que, yo no lo tenía. En esos momentos me encontraba en un proyecto bastante demandante de tiempo, pensaba que los tiempos no iban a empalmarse, el típico «pues quién sabe si quede, luego ya veré» que sí me sucedió; que combinado con trabajo de oficina, se torna bastante complicado. Así que malamente no pude ir a los primeros ensayos, las primeras reuniones. No entiendo todavía cómo es que me permitieron quedarme si jamás me habían visto (la peor primer impresión) y todavía más chistoso: no tenía una forma de comunicación como los seres humanos decentes porque insistía en no hacerlo (hipster). Aun así, con todo pronóstico en contra, algo dentro, muy dentro de mi luchaba por estar y a la vez luchaba por zafarse. Finalmente mi trabajo fue lo que habló por mi en esos momentos, y tuve la oportunidad de ir probando el porqué merecía estar ahí y terminarlo. Me habían comentado que por mis horarios y mi falta de compromiso mi participación sería pequeña, sin embargo decidieron darme la oportunidad de interpretar una canción (una de mis favoritas desde siempre) y fue ahí donde pude entender esa frase: «siembra en tu camino un nuevo destino y el sol brillará». Moraleja: cuando te toca… te toca, a veces ni aunque te quites o te pongas, lo que me hizo entender que no siempre lo que empieza chueco tiene que acabar mal. Siempre es un nuevo día, siempre puedes mejorar.
  2. You’ve got a friend: Por favor, no llegues a un ensayo solo a cantar. Ve a aprender, a divertirte. A hacer amigos. El profesionalismo no está peleado con la convivencia, con los chistes, con las risas. No todo es técnica, no todo es suerte tampoco. Pero cuando vayas a un lugar nuevo, pregunta, conoce, atrévete, puedes ser quien tú quieras. Es tu oportunidad de abrirte a nuevas posibilidades y cumplir sueños, además de que la energía en un espectáculo donde en su mayoría son ensambles debe estar al mismo nivel, debe notarse esa convivencia natural. Esto último sí me pasó. Durante mis primeros proyectos fuera de la Universidad trataba de darles la mayor seriedad posible porque a eso quería dedicarme. Pensaba que la perfección iba en concentrarse en ensayos y que no sería lo suficientemente profesional y de pronto perdía ese llamémosle «recato», y bueno como diría Cantinflas «ni muy muy, ni tan tan» estar en un proyecto que me pedía soltarme y convivir fue bastante complicado, pero el proceso fue tan amable y consciente de mi situación que tuvo la paciencia de esperar mi evolución. Me considero una persona complicada para contar sus verdaderos sentimientos, y me abrí en el momento en el que me sentía lista, ahora que no cambiaría algo de mi proceso, sin embargo mi deber como maestra es decirte: inténtalo, trata. No sabes de lo que te estás perdiendo.. De nuevo: «winter, spring, summer or fall» todas las estaciones las he podido vivir junto a este proyecto los últimos 5 años.
  3. Enjoy the ride: hubo una ocasión que me sentí confiada, valiente. Que podía hacerlo todo. La palabra pudiera llegar a ser «soberbia» y la vida se encargó nuevamente de ponerme en mi lugar, en darme cuenta que no podía leer una partitura, sacar canciones de oído no era una habilidad que poseía y peor todavía que tanto orgullo no tendría que no supe pedir ayuda hasta el último momento, hasta que las lágrimas me dominaron al sentir las miradas de aquellos que pensé me juzgaban cuando solo querían ayudarme. Noté entonces que aunque felicidades a mí que lo intenté por mi cuenta, en realidad no había funcionado y eso estaba bien. Jimena que normalmente dice «yo puedo» «yo lo hago» «no no necesito ayuda» lo necesitó más que nunca. Ese día que decidí pedir ayuda todo fue más sencillo y pude cumplir un sueño del que siempre estaré agradecida: tocar un instrumento en un concierto. Porque en mi cabeza solo están los maestros que me enseñaron a tocar, a interpretar, el equipo que constantemente me decía que todo estaría bien. Que me consiguieron un teclado (el mismo con el que aprendí a tocar) y que fue la primera vez en la vida que alguien más me vio hacerlo. Rétate, equivócate (para eso son los ensayos) pero siempre apóyate de tus maestros y tus compañeros. Lo mejor es la canción que tenía que tocar: enjoy the ride, ‘cause if it’s fast or slow all I really know is I’m just gonna enjoy the ride. Y así he aprendido.
  4. Brindis: en una ocasión me dieron una canción que «poco tenía que ver conmigo» pensé (ilusa) que creía que era una canción sencilla y hasta fuera de lugar. Aprendí que la belleza de las letras te recorre todo el cuerpo, que despierta emociones, recuerdos que te permiten interpretar y darle vida a las canciones. La canción era «brindis» y sin saberlo se convirtió en mi lema, en mi filosofía de vida, en reconocerla  pensar «eso es Jimena». ¿Cómo lo logré? Me dijo alguna vez Germán Rodríguez: «muy bien Jimena, ya sabemos que cantas muy bonito, ¿pero qué más hay?. Me quedé helada. ¿Qué más puedo darte? ¿cómo conectar con algo que no lo siento? pensar que es difícil, complicado. Analizándolo del lado equivocado, perdiéndome de lo bueno, no viéndolo. Así que me senté a leer la letra, lento y pausado, conectar cada verso con alguna experiencia personal con la que pudiera ligarlo. El momento fue increíblemente incómodo, maravilloso y emotivo. No podía dejar de llorar (y claro en su momento no podía pensar que estaba en el buen camino) Me sentía extremadamente vulnerable, sin defensas. No quería sentirme así en el lugar que tanto amaba y que era el escenario. No quería mostrar mi verdadero corazón, tenía miedo y no puedo explicarles cuántas veces dije que no. Que no iba a hacerlo, que estaban explotándome de la manera equivocada, que yo no quería sentir ese conflicto personal y que mucho menos así frente a todos. De verdad culpé (en secreto) a mis maestros. Hasta que empecé a bajar la guardia. Empecé a fluir, a confiar en mi. A canalizar ese enojo en amor, en transformarlo (por que claro que es posible) Me di la oportunidad de dar un salto en caída libre y perdonar. Perdonarme, perdonar a las personas que alguna vez me hicieron daño y disfrutar (porque para eso amanecí, jaja y los demás lo entenderán) Hoy sigo equivocándome, pero trato de recordar a este momento y ¿saben cuál fue mi recompensa? el aplauso más ensordecedor que he llegado a escuchar/sentir. Inesperado. Más genial que el cuarto de los aplausos de Sabrina.  Y así veo mi vida: «atrévete Jimena, dí lo que sientes, y tendrás tu recompensa».
  5. Keep holding on: Esto es clave. Es importante soltar, entender y abrazar una decisión. Durante tu viaje en los proyectos harás amistades, congeniarás con tantas personas que se volverán clave en tu vida. Pero debes recordar que nada es para siempre, y que vivir el momento, estar presente, estar ahí es lo que puedes hacer para grabarlo en tu corazón para siempre. Esto de ambos lados: el decidir dejar un proyecto, el decidir dejar pasar, el sentarte en las butacas y pensar «carajo, yo pude estar ahí» (esto sí paso). El aceptar los tiempos, las decisiones y vivir feliz con eso. Y cuando así no lo sea, corregirlo, levantarte e intentar de nuevo. El saber que hay amigos con los que compartirás más que el escenario, sino la vida. Y que así como estuvieron juntos en ese proyecto, no estarán en el siguiente. Y no es motivo de llorar o sentirse triste. Sino el pensar que cada teatro, cada recinto conserva la energía que compartiste en algún momento.

¿Pero y esto qué importa como cantantes? Claro que importa, ser inclusivo importa. Ser tolerante, amable, cariñoso, defensor, soñador y cursi importa. Se parte de algún concierto con causa, que busque no solo formar «estrellitas» sino trascender en el universo haciendo el bien a los demás, entendiendo que eres un instrumento que puede mover emociones, historias y recuerdos. Eres arte y puedes hacer un impacto fuerte en el mundo con tu talento. No dejes que nadie te diga lo contrario. Comparte, ayuda, apoya. Suma, hoy tú puedes ser el cambio.

Ahora te cuento, Más Voces, es un concierto totalmente en vivo, con un cast de más de 60 personas (entre cantantes, bailarines, músicos, producción, staff), que ensayamos casi 4 meses para presentar un espectáculo con la mejor vibra, para convencerte de que sí puedes y que tú eres lo que se necesita para que este lugar sea mejor, y lo máximo es que el costo de tu boleto es directamente a beneficio de personas con parálisis cerebral, apoyando al Instituto Nuevo Amanecer y a Más Libertad Menos Barreras.

Entrar a un proyecto con gente tan motivada, talentosa e increíble solo te hace sentir que puedes y debes regresarle algo a este mundo. Es padrísimo el correr de un lado del teatro al otro, entre el sudor, el calor, el no poder respirar tan bien gracias al combo de un teatro helado y una máquina de humo y a la vez, estar en las piernas del escenario, viendo a tus compañeros entregar el alma y el corazón en el escenario, interpretando, dando sus mejores notas, movimientos. Todavía lo es más, cuando sabes que todos están en sincronía, vibrando igual, haciéndolo con el mismo objetivo: creer que la música mueve al mundo y puede verdaderamente cambiarlo. ¿Cómo? te preguntarás. Más Voces tiene una vibra mágica e impresionante, porque buscamos darle voz a los que no pueden hablar, movimiento a quienes no pueden hacerlo con completa libertad. Por aquellos meses y ahora de por vida me convertiré en mensajero y vocero de aquellos que quieran entregar un mensaje de paz y de amor. De valentía y gozo. Por la vida, por los amigos y por la familia.

Creo que era más que acertado regresar dando las gracias a mi proyecto favorito, mi mejor escuela, mis mejores amigos. Dejando ir lo que ya fue y se quedó para siempre habitando y resonando en cada pared de ese teatro, con la esperanza de volver pronto, por más. Pero no en letargo y en pausa, sino creciendo y recogiendo la cosecha de ese trabajo.

¿Qué sigue? Pues de entrada retomar la vida, las clases de canto, los coacheos y los posts, Creo que era así como me sentía todo este tiempo, a la espera en piernas de salir al escenario, de darlo todo como veo que lo hacen los demás. Esperando mi cue. Así que últimos tips:

  • Recuerda también por los siempres de los siempres que lo que no se ensaya no sale. Ensaya sin vestuario, ensaya con el.
  • Cuenta los segundos que tienes entre cambio y cambio.
  • Reconoce el escenario, el teatro. Rutas que te pueden ayudar en momentos de crisis (esto puede ser muy muy útil).
  • Pregunta, escribe, imprime tus hojas y toma nota de lo que se está montando. Organízate (pronto hablaré de esto con más detalle).
  • Ven y canta. Sigue cantando.

 

Nos vemos en clase.

4 razones para invertir en un micrófono.

Porque nos encanta la versatilidad, hablemos hoy de otro giro musical que podemos tener los cantantes. Gigs, jams y ensayos. Hoy saldré de mi zona de confort y hablaré como cantante de algo que quizás nos sea muy temido: los micrófonos *Suena música de terror*

Mi parte favorita de un ensayo o un gig, es cuando los músicos se instalan. Me fascina ver sus estuches, cables, instrumentos, stands, partituras/ipads. De verdad, se me pone la piel chinita de ver cómo hasta en eso hay un nivel de concentración. Su vida, sus años de trabajo están en la inversión de sus equipos. Quizás el hecho de que hermanos son músicos y que uno de ellos es guitarrista, actualmente de gira, cuidadosamente vela por tener la mejor calidad de sus instrumentos para darle un súper valor agregado a su gran talento, tenga algo que ver en mi gusto por los equipos.

Por otro lado, también he descubierto que es pesado tener que cargar con tanto equipo (vaya, físicamente complicado hacer algunas vueltas a tu auto para descargar digamos, una batería, un teclado), hace un año empecé a cantar en misas y sólo cargaba con un teclado portátil (muy ligero), un stand de micro, un stand para el teclado y se me hacía complicado, llegar muchísimo antes de la hora, conectarse, probar el equipo, ósea involucrarme como músico realmente, y no que no lo fuera ya o no lo considerara de ese modo, pero contamos con el maravilloso privilegio que como cantantes tenemos la ventaja que nuestro instrumento nos acompaña 24/7, no pesa, no «necesita» (y sí lo dejo entre comillas porque en realidad requiere de otro tipo de cuidado) de estuches, conexiones, stands, etc; puede que nos haga insensibles al tema de la necesidad del equipo.

Volviendo a este momento previo a tu ensayo o concierto pudieras sentir que no hay mucho que aportar (inclusive que ésta es la parte aburrida), y lo que es peor, esperas que todo el equipo se te brinde, ¡vaya¡ ¿cuántos de nosotros no hemos llegado a un ensayo , concierto, tocada (vaya, el escenario donde vayas a presentarte) esperando a que nos den micro en mano, sonido y todo listo para decir: 1, 2, 3, probando?. Aquí es donde quisiera hacer una nueva aportación y sugerencia: Aprende a adquirir tu propio equipo

¿Equipo? Pero Jimena, acabas de decir que tú eres tu propio equipo. Sí, y también creo que es importante tener TU micro y TU cable.

STORYTIME: Razones para tener tu micrófono:

  1. Higiene. Una vez me tocó tener un micrófono lleno de lipstick. Sí, lipstick. Y la persona que me lo dió, no era mujer. Quiere decir que ese micrófono había sido usado por «N» cantidad de personas o no lo habían limpiado después de alguien más lo utilizó. O que tal cuando te toca cantar en un bar ¿Has visto cómo hay personas que literal besan/babean el micrófono? Seamos honestos, nuestro instrumento depende de nuestra boca y como dirían en la película de Nemo «la boca humana es una asquerosa cavidad». Entiendo que habrán circunstancias donde no podrás ponerte tan requisitoso con el equipo que se te brinda, sin embargo, puedes tomar tus precauciones. Algunas sugerencias pudieran ser:
    1. Toallitas desinfectantes o spray. No es una solución permantente (porque en realidad la suciedad se guarda en la esponja que está dentro de la rejilla), pero puede ayudar en caso de que tengas que cantar en un evento con equipo que no es tuyo. Venden paquetitos de toallitas o sprays tamaño de viaje, con ellos al menos puedes limpiar un poco la rejilla para mantenerlo lo más limpio posible.
    2. Comprar una rejilla de micrófono: Si trabajas en un bar o banda versátil donde ya conoces el equipo que tienen, otra solución pudiera ser comprar una rejilla de micrófono (hay de todos precios, pero una rejilla para por ejemplo un Shure SM58 cuesta al rededor de $290 pesos). Así puedes llegar con tu rejilla limpia y personal (que es la bolita de metal que protege al diafragma).
    3. Conserva tu distancia: hablando de que se te proporcione equipo, aprende a cuidarlo lo más posible. Guarda una distancia aproximada de un pulgar de tu boca hacia el micrófono.
    4. Condiciones dignas de trabajo: Hola, cantar también es un trabajo y por si no lo sabías todos tenemos derecho a laborar en un ambiente digno y con recursos suficientes para desempeñar nuestra labor (ESTO TAMBIÉN APLICA PARA CANTANTES). Para redactar esta pieza, le pedí apoyo a amigos con experiencia en el tema, y no saben el gusto que me dió el saber que en la empresa donde trabaja una muy talentosa y hermosa amiga (ella canta en una banda versátil), la empresa lava las rejillas después de cada audición o evento.
  2. Profesionalismo: Una vez me invitaron a ser parte de una buenísima banda (shout out NUUP!). Llegando el momento de los ensayos, se me indica que nos reuniremos en un lugar a cierta hora. Total, llego con tiempo y pasa lo primero que les platiqué al principio, los músicos comienzan su ritual de «setearse» y ahí estoy, esperando mi micro (sin decir nada) y de pronto voltea uno de ellos y me dice «¿trajiste tu micro?… ¿QUÉ? (pensó Jimena un tanto nerviosa) ¿Mi micro?. «No, no tengo» le respondí. Amablemente me pasó uno que tenían ahí en el estudio y me sugirió en que adquiriera uno, inclusive hasta me dijo que no eran muy caros y que tendría puntos extra si me llevaba mi micro y mi cable, porque siendo honestos los cables se manipulan tanto que pueden dañarse. Entiendo que en producciones muchísimo más profesionales podrías dar eso por hecho (y que ni tanto eh, hace poco aprendí lo que es un rider técnico y vaya que es interesante). Pero hasta que no llegue ese momento, creo que puedes invertir en tu propio equipo.
  3. Práctica: Cuando fui al Berklee Latino, uno de los requisitos para el programa era llevar tu equipo. En ese tiempo yo tenía un Shure SM58 y me fui a comprar un cable (en total mi inversión habían sido como 2000 pesos). ¿por qué? porque tendríamos ensayos y sesiones de jams donde sería importante llevar tus instrumentos, estaban preparándonos para nuestra presentación final en un escenario. Piensa que no es lo mismo practicar con un cepillo, un bote con agua. Tu micro, tiene un peso. Tiene una respuesta y un manejo. Vamos a llamarlo como una «extensión tangible de tu voz», y creo que es importante que lo conozcas. A veces vemos cómo cantantes como Juan Gabriel (que en gloria esté) cantaba con el micrófono en el piso, intentamos imitarlo y resulta que no tenemos ni el manejo y proyección de su voz (mucho menos sus increíbles ingenieros de sonido).
  4. Pretty gear: Me encanta todo lo personalizado y lo que te da una identidad. Ya habrás notado que todo lo que sea rosa, rosegold o en esas tonalidades es algo con lo que me identifico (guilty of charge). Como te platiqué, tenía mi Shure SM58, que ocasionalmente compartía con otro de mis hermanos (hasta que se abolló la rejilla y pues pensé que sería un buen momento para hacer una inversión). Investigué un poco al respecto, y aunque quizás aquí me crucifiquen mucho, los shure no son santos de mi devoción (aunque sean los más utilizados y confiables). Me atrevo a decir que en gustos se rompen géneros y más allá de eso, en tecnología. Se vale buscar cosas que se adapten a tu voz. ¿Sabías que los músicos prueban sus instrumentos antes de adquirirlos? ¿por qué no nosotros? ¿por qué no habrías de investigar en esa extensión de tu voz para que reproduzca lo más fiel posible tu sonido? ¿por qué habríamos de dejárselo a alguien más?. Por supuesto, hay expertos. Creo que puedes asesorarte con expertos, pero no habrá nada como que tu lo pruebes. Así que por recomendación di con los Blue. Ah mi Blue encore200 en color Rosegold. Mi otro gran amor después de mi piano Yamaha (como verán, una vez que empiezas, ya no puedes parar). La realidad es que, al menos de lo que he estado leyendo, habla muchísimo sobre probar, lo que sea bueno para mi, no significa que sea forzosamente bueno para ti. Pero lo que sí podemos hacer, es conocer más al respecto. Hoy en día tengo mi micro, mi cable y hasta hace poco mi hermano, me convenció de mandar hacer cables personalizados (Literal es gris y tiene mi nombre, lo más bonito que hay). Como recomendación no adquieras equipo sólamente por el factor estético, sino que te sea funcional (por supuesto que si encuentras una opción que combine ambos, claramente ya ganaste…. como siempre). Otro pro de esto es que bien dicen, es diferente cuando sabes cuánto cuestan las cosas, esto también evitará que maltrates o seas menos cuidadoso con el equipo que te proporciona una producción.

En resumen: considero que adquirir un micrófono te da un plus en tu vida musical, te hace ser más consciente de manejar equipo profesional cuando se te provea, de ser responsable y darle mantenimiento a algo externo y necesario para tu trabajo. Si bien no siempre podrás utilizar tu micro o tu rejilla (porque dependerá mucho del proveedor y la marca del micrófono) el que tú estés preparado siempre será considerado con alta estima frente a los profesionales.

Nos vemos en clase.

 

 

Bienaventurados aquellos en espera de callbacks (sí es que hay), que de ellos serán las producciones.

Aceptémoslo.

Cantar en sí no es tan complicado, tomar clases de canto no es tan complicado. Complicado es someterse a la constante búsqueda de aprobación de terceros, entrar a un salón, exponer tu alma y corazón ante un panel con las mejores poker face que has visto, mientras en tu mente recitas audición tras audición «Pick me, choose me, love me»; cual Meredith Grey a McDreamy, con la intención de formar parte del cast y consecuentemente de la producción que cambiará tu vida.

Vaya profesión que fuimos a elegir. Cumples con lo tuyo, tomas tu tiempo para prepararte, cuidadosamente seleccionas la canción perfecta (o lo más cercano). Revisas cada detalle con tu coach o maestro de canto, juntos analizan cada intención, cada movimiento. Por supuesto 16 compases o aproximadamente 1 min de canción que diga algo así como: meprepareyesteesmirangovocalveanloquepuedohacerycontarunahistoriaquenopodránsabersinoconocenelmusicaldelcualleshabloperoaquíestoydetodasformasporfavornonotenmisnervios (o algo así).

Sí, quizás estoy un poco de nervios porque justo en este momento estoy en proceso de audiciones (una disculpa a los maestros que lleguen a leer esto) Pero bueno, al menos estoy canalizando mi estrés de forma positiva y creo que es importante saber cómo manejar estas situaciones.

Porque no todos lo sabemos, vamos por el principio ¿Qué es un callback?

Cuando vas a una audición, presentas el material indicado, una vez terminado y si al panel le parece apropiado puede llamarte nuevamente y continuar con un nuevo filtro. Nosotros le llamamos «callbacks» algo así como una «segunda entrevista de trabajo» (porque literal, es un trabajo).

¿Cuántos callbacks pueden existir? No sabemos, dependiendo de la cantidad de filtros que la producción considere necesarios.

¿Cuánto se tardan en dar callbacks? LA MÁS DIFÍCIL. Puede que ese mismo día se te pida que regreses más tarde, puede que al día siguiente te llegue un correo, puede que pase una semana. En una ocasión tuve una audición y pasaron casi 2 semanas (yo pensaba que ya estaba fuera de la jugada y justo ese día recibí una llamada que había sido seleccionada. Lamentablemente no hay un tiempo establecido, y por lo tanto el suplicio puede ser indefinido.

¿Me darán material adicional para mi callback? Puede que sí, puede que no. Cuando audicioné para el Rey León en CDMX,  al terminar mi primer audición (de la cual creo fervientemente que me lo dieron porque nunca en la vida había caminado tan lento hacia la puerta de salida), me dieron callback y me pidieron fechas para programar mi callback, así como un correo para que me enviaran material adicional. Material que ya llegada la fecha no me tocó presentar, pero que sí tenía preparado por si acaso.

Volviendo con la ansiedad que pudiera generarte esta amarga y dulce espera, te tengo varias verdades que me ha costado algo de tiempo aprender y que saliendo de cada audición procuro recitar:

  1. No tengo el control. Previo a entrar al salón donde será audición estoy en control de mi selección musical, de cuánto me entrené y preparé. De cuánto ensayé y le imprimí cada parte de mi a esto. De qué tan buena actitud tengo al llegar, presentarme y saludar, qué tanto entrego en mi audición. Donde pierdo control es al cruzar el umbral y dejar el recinto. La deliberación, el juicio. No estoy en control. Salgo y debo dejar ir.
  2. Disfruta Debo admitir que hasta ahora comienzo a disfrutar mis audiciones (siempre ha sido todo un tema para mi) he tenido buenas y malas audiciones, pero procuro buscar la palabra «satisfactorias». Ojo, esto no significa que pienso que todo lo hago perfecto, sino que hice lo que me toca. Busco esa tranquilidad de mi proceso, de entender que presenté una propuesta buscando que alguien la tomara. El primer paso lo di y estoy muy orgullosa, es de valientes pararse y presentarse. Saber que pueden cerrarte la puerta mil veces, levantarte y decir «va, de nuevo». Así que disfruto cada momento, cada nervios (como en esta última que casi me voy de espaldas TODAVÍA NO ME EXPLICO COMO, pero lo logré salvar), el que estuve temblando (cuando hace unos días les decía a unos amigos que yo no temblaba), pero que di toda mi energía y logré superar todas esas adversidades. Si quedo o no, será por otra razón.
  3. Siempre puedo mejorar. Soy crítica, pero no criticona de mi trabajo (porque si yo no creo en él, nadie más lo hará). No puedo ser destructiva conmigo y decirme de cosas. Lo que sí puedo hacer, es pacientemente y con cariño identificar en qué puedo mejorar, qué puedo seguir trabajando y sobre todo BUSCAR la ayuda necesaria. Va de la mano con el punto 2: disfrutar y ponerme a trabajar.

Ahora, si no haz ido a alguna audición te recomiendo lo siguiente:

  • Acá tengo un post de cómo prepararte para una audición: http://bit.ly/2Dpiou3
  • Por acá un post de cómo preparar tu repertorio o selección de canciones: http://bit.ly/2FBpJwB
  • Tips extra:
    • Calma. Sé que al estar frente al panel podremos sentirnos muy vulnerables, pero justo unos días antes un amigo me comenta: veremos a 180 personas. 180 personas. 180 canciones. De las cuales muchas pueden repetirse, muchos pueden ser muy talentosos, muchos podrán tener áreas de oportunidad, muchos no estarán preparados. Pero tendrán que pasar por ese proceso 180 veces. Pensamos muy fácilmente que el panel busca juzgarnos, criticarnos y destruirnos. Pero la realidad es que esperan que la persona que entre por la puerta sean quien están buscando.
    • Headshots. Muy importante invertir en tu presentación, he leído y se recomienda muchísimo que estas fotografías o sesiones sean muy naturales y seas tú mismo. Vaya, eso es lo que la gente que te audiciona quiere ver, nadie quiere llegar con una foto demasiado editada y cuando te presentes no puedan ni reconocerte. Recuerda «less is more».
      1. Imprime tus fotos y ten varias en stock (no andes corriendo como yo). Un excelente lugar es Costco (en acabado mate se ven increíbles), pero considera que se tardan como 1 hora en entregar y sólo es con membresía. Si andas con prisas, tu segunda opción pudiera ser Office Depot (ojo, su maquinita no funciona bien con dispositivos Apple) pero se imprimen bastante decente. Tu tercera opción tendría que ser Farmacias Benavides (también necesitas una app y la calidad de las fotos no es tan buena, el acabado jamás es mate y a mi gusto salen muy saturadas de color).
      2. En un mundo ideal, las fotos deben de ser tamaño 8×10 (sí, así de gigantes).
    • Lleva tu pista en tu celular. Por salud mental, no la lleves en drive o stream (hay lugares donde no hay buena señal de wifi y puedes estar en aprietos por eso). Recientemente me di cuenta que en Apple Music (aunque la plataforma es cero amigable) puedes encontrar muchas pistas de tipo Sing2piano y semejantes. Amigos con dispositivos sin entrada auxiliar como yo (sean propositivos y lleven su adaptador, no se confíen de que habrá todo).
    • Currículum: tu audición es totalmente una entrevista de trabajo. Quieren conocer de tus capacidades y tu historia. Como buen profesional, así como tienes tu CV, deberás preparar uno artístico (prometo hacer un post detallado al respecto y con descargables). Lo que sí es que como le dijeron a Elle Woods: «It’s pink, and it’s scented». Creo que vivimos en un mundo donde vale la pena expresarse libremente, así que sin miedo. Si el diseño de tu CV es original y mantiene la información visible, concisa y sobre todo memorable, podría ser que el panel se acuerde de ti.
    • Habilidades especiales: todo funciona, todo es importante. ¿Recuerdas como Joey en Friends se pasaba agregando cosas como «hablar francés? Nunca sabes cuándo tu habilidad o talento secreto será de inmensa utilidad.

¿Que cómo aminoro yo la ansiedad y la espera?

  1. Camino, me despejo.
  2. Escucho música nueva, trata de limpiar la intensidad con la que preparaste tu audición escuchando live sessions o unpluggeds. Notarás momentos humanos e imperfecciones, te sentirás humano de nuevo y disfrutarás de bonitos arreglos.
  3. Busco inspiración en imágenes, blogs y sobretodo en la naturaleza.
  4. Canaliza tu ansiedad en algo artístico. Dibuja, pinta. Expresa lo que sientes y transfórmalo (hoy usé plastilina y vaaaaaaya que fue lo máximo).

 

Si como yo, sigues en espera de ese correo o esa llamada. Calma, no te inquietes. Sé que hay muchas cosas que pudimos hacer exponencialmente mejor, pero ya no para la audición en la que estamos en espera. Esa ya fue. Levántate, estudia, prepárate. Nunca sabes qué puede pasar.

¿Recuerdas que hace unas líneas hablaba de la atemporalidad que existe respecto de los callbacks? Bueno, así me pasó en una audición (de las peores de mi vida) de las que pensé que jamás volvería a ver a la producción y lo que es peor, que ahora tendrían material para reírse (y quizás sí). La que menos pensé, la que critiqué tanto, lo prometo, salí diciendo «Dios mío, en este momento le escribo a mis amigos que han actuado para que me vayan recomendando algunos cursos»; fue la que me abrió la puerta a un proyecto padrísimo, del cual quedé, tuve callback y después la oportunidad de quedarme con el personaje (prometo esta historia para la siguiente).

En fin, me voy a dormir.

Obviamente ya hice double check con mis amigos para los callbacks. Sin novedades.

Obviamente checo el celular cada 5 min en espera del correo.

Pero también ya estoy pensando en más cosas para preparar para las siguientes audiciones, y terminando de escribir este post. Ánimo, espero nos veamos en los callbacks, o al menos en clase.

 

 

 

 

La historia de cómo al bailar, me hizo cantar mejor.

He notado que generalmente cuando dices que eres cantante, por alguna razón las personas esperan que también bailes o te muevas con bastante gracia.

Digo, tiene lógica. Los performers son estos héroes casi perfectos, con vestuarios brutales, piel de porcelana y los movimientos envidiables (que creo que aquí se mal adapta a «dominio escénico»).

Admito (por más que me cueste) que alguna vez, secretamente, llegué a bailar frente al espejo pensando que era Britney Spears.

Y pensando aún más hacia atrás, la realidad nunca fui la prima ballerina. Solo sabía que disfrutaba la música, el moverme y encontrar la manera de expresarme (a sabiendas de que lo mío era cantar). Lamentablemente, dentro mi di formación como cantante recibí el primer y más grande «NO» que se convirtió en uno de mis más temidos fantasmas: «Tú no bailas, no tienes gracia». Ouch, tenía tan solo 7 años y la verdad es que fue algo complicado de escuchar. Para nada me quitó mis intenciones de pararme en el escenario, pero en definitiva, a una niña tan consciente de su entorno (como lo soy) la hizo pensar más de 2 veces antes de pararse frente a los demás e intentar aprenderse coreografías.

Siempre pensé, bailar no es lo mío. A mí pónganme a cantar. Mientras moría (literal) de ganas de ser la siguiente performer. Así que, como siempre les digo a mis alumnos: «no estás mal, lo que hayas hecho durante tu proceso autodidacta, solo fue la forma en la que tu cuerpo tenía más ganas de resolver, que de quedarse callado». Así que así, encontré la manera de centrar toda mi atención en la música, los acentos, las dinámicas y las peripecias vocales que hacían mis cantantes favoritos, escuchándolos en mi discman, por las noches.

Pensaba: «vaya, no necesito las clases. No necesito bailar, puedo ser una cantante que solo cante baladas». ¡JA! Mi primer (y hasta ahora único) protagónico era ser una bailarina, experta, extrovertida. Fue increíblemente difícil para mi enfrentar esos fantasmas al espejo y estar incómoda de cómo me movía.

Pero bueno, dejemos eso para otro día. Hoy quiero hablarte de otra forma de lo que siempre te digo: escucha a tu cuerpo.

Si algo admiro de los bailarines, es cómo se conocen. Cómo distribuyen su peso lo suficiente para hacerte creer que tienen cargas pesadas, que pueden volar, hacer magia con sus manos y transportarte a diferentes épocas. No hablan, solo se mueven. Siempre envidié sus movimientos. Yo trabajé para conmover con mi voz, pero no podía hacer que mi cuerpo conectara enteramente con mi sentimientos. Qué curioso.

Sin planearlo, hace algunos ayeres, estaba buscando de una actividad física entretenida para después de mis múltiples trabajos. Y así, como caída del cielo, Shady (la maestra que me hizo no solo bailar, sino ahuyentar ese enorme fantasma y hasta hacerme bailar frente a un público) abre una academia, nos invita a un grupo de amigas y a mi a entrar y digo: «Va, odio hacer ejercicio de otra forma, así que, mejor que sea bailando». No tienen una idea lo mucho que costó coordinarme, tratar de entender lo que era mi centro, mi balance. Distribuir mi peso, ser creativa y desafiar mis propios miedos (a las maromas, las caídas, las cargadas y sobre todo a que me vieran bailar en público). Constantemente pensaba en la comparativa y avance de mis compañeras, pensando: «la historia se repite». Hasta que, cuando empecé a escuchar mis respiraciones, el control de mi abdomen y la fuerza de mi cuerpo, empecé no solo a empezar a disfrutar mis clases de baile y ver que mejoraba, sino a avanzar en mis clases de canto.

No. No estoy bromeando. Ya les he platicado que tengo estudiando cerca de 8 años técnica vocal, y en ese proceso, pude haber ser muy intensa en cuanto a la disciplina de entender y dominar mi voz. Pero hubo un periodo en el que podría decir que me «estanqué». Sentía que nada de lo que hacía (ejercicios y acrobacias vocales) me eran suficientes para hacer crecer mi rango o dominar diferentes estilos. Nada técnico vocal me era útil. Hasta que lo transporté (o conecté) con la danza (aquí ruego a mis amigos bailarines, me tengan paciencia, no pretendo dominar todo, pero es como mi pequeño «homage» a los bonito de esta experiencia).

No fue hasta que empecé a trabajar con mi propio peso y mi cuerpo (compartiendo pedacitos de clases de danza contemporánea y ejercicios calisténicos) que entendía cuando estaba apoyando de más, cuando tenía aire extra, tensión. Entendí la flexibilidad y el disfrutar crear líneas largas. Vaya no me hice bailarina profesional, pero sin duda, la seriedad con la que empecé a tomar estas clases me hizo hacer las paces con mi nerviosismo corporal y apreciar un nuevo arte: la danza.

¿Líneas largas? claro, al cantar, sostener una nota. El proyectarla más lejos. Entender y dominar los cambios de volumen. La velocidad. De pronto, si bien no podía bailar como profesional, mi voz de alguna forma lo hacía. Era ágil, dulce e intensa, de pronto las contracciones aportaban algo distinto a mi técnica vocal. Admito, ha sido de los sentimientos más bonitos que he experimentado.

¿Qué te recomiendo? trabaja una habilidad que te ayude a transportar ese conocimiento a tu dominio vocal. El artista no sólo se alimenta de perfeccionar únicamente su técnica, sino de sensibilizarse a través de documentales, películas, exposiciones, actividades. Conecta tu cuerpo con lo que verdaderamente estás haciendo y sin duda, tendrás un resultado distinto al que has estado trabajando.

¿Qué hago hoy en día? Bueno, claramente no me convertí en Britney Spears, pero ya no me da miedo el espejo o los fantasmas. Ya no tomo clases (las extraño mucho y quisiera regresar) pero ya no me da tanta pena intentarlo, bailar, entender el movimiento y vincularme en actividades o espectáculos que la requieran, tratando de retarme todos los días.

Hoy tengo un reto. Hace casi 3 años comprobé que los ejercicios calisténicos (que ya había leído que eran muy recomendables para cantantes) funcionan. Dentro esta investigación, he encontrado que los deportes o actividades físicas recomendadas para nosotros son: natación, yoga, danza. Ayer empecé yoga y OMG me duele hasta el cabello (no es broma) pero curiosamente, dentro de este «dolor» no siento tensión alguna en mi cuerpo (estaba muy consternada por mis muñecas y por saber si podría tocar algo, ¡están intactas!) Así que mi nuevo reto es comprobar si este tiempo de aprendizaje le brinda un avance técnico/vocal a mi rango (claro que iré documentando e informando de este avance)

Así que esta es mi historia, de cómo una experiencia enriqueció por completo mi proceso de aprendizaje vocal, sin saberlo, enfrentando mis miedos, disfrutando y valorando enormemente una nueva disciplina. Y quién sabe, con suerte esto pudiera ayudarte a ti también en tu proceso como cantante.

Nos vemos en clase.

¡SOS! no encuentro mi voz para cantar

«Todo el mundo con el paso del robot»

(Si no conoces electromovimiento de Calle 13, corre y escúchala).

Decidí cambiar un poco la existencia de este blog y alimentar mi sueño (chick flick) de tener un espacio donde pueda expresarme libremente. Sin saberlo, creo que tanto en sentido figurado, como en el técnico siempre estuve buscando mi voz. Así que heme aquí, escribiendo.

Este post va dedicado a mi amiga Enid, que me inspiró a abordar este tema y que me siento honrada me confiara compartir experiencias entre maestras, aprendizaje y alumnos, gracias 🙂

Ok. Así va la historia: Sábado de clases, estoy en break en espera de mi siguiente víctima (quiero decir alumno) y en eso recibo un mensaje de voz, invitándome a resolver un tema: Mi colega tiene una alumna y pareciera que tiene problemas para encontrar el acceso a su voz de pecho sin que suene flotada (Si le vas mucho a los tecnicismos vocales, quizás mi forma de explicar te parezca bastante burda, sin embargo preferiría pensar que es un tanto creativa y divertida). Ok, podrás decirme «pero eso es ilógico, cualquiera sabe que la voz, registro de pecho parte de donde hablamos, revisa si tiene algo de textura en su voz, el apoyo, etc». Estoy de acuerdo, sin embargo antes de entrar a un diagnóstico complejo, encontrar TU VOZ (ahora sí en un sentido un poco más existencial) puede resultar más complicado de lo que crees.

Técnico: resulta que dentro de toda esta ambigüedad del canto, voz de pecho puede referirse a:

  1. Parte de tu rango vocal, o registro vocal
  2. Área de resonancia
  3. Timbre

De las cuales sólo abordaré la conexión entre mi voz hablada y mi voz cantada. ¿Cuál sería el objetivo máximo? que dentro de un espacio de notas cómodas exista un match entre ambas, vaya que no exista un cambio drástico de color al hablar y cantar dentro de notas que están en el área donde hablamos (osea cómodas)

Atención maestros y alumnos: en la primera sesión con mis alumnos, les pido que me cuenten de su vida, a qué se dedican, qué les gusta hacer. Vaya, que hablen, me platiquen (estoy ayuda a romper el hielo, a presentarnos y saber a qué se dedican VITAL al menos para mi, para conocer el comportamiento de sus voces, pero ya hablaré de eso en otro post). Mientras me platican, (y esto lo aprendí de mi gran maestro, Ray) comienzo a tocar notas que se asemejan a donde hablan (en promedio) una vez que localizo una nota que se repita constantemente (y no, no se preocupen, no creo que todos hablen en Fa o algo así, saludos Gaby), parto de ahí para encontrar algunos ejercicios que sean de pecho. Mi favorito: EL ROBOT (o una simple nota pedal).

Maestros, recordemos nuestras primeras clases; si eras muy buen cantante desde un inicio, qué envidia no leas esto jaja, si eras como yo que tuvo que trabajar por entender, por favor, continúa (No se crean, ambos continuen por favor), era bastante difícil cantar frente a un extraño que sí podía afinarse, que no le temblaba la voz y que probablemente sabe lo que esta haciendo. Olvidamos, el cómo podría sentirse nuestro alumno, y es bien importante regresar a una zona segura para que puedan expresarse libremente. Así que, como aprendí alguna vez en un curso de arte y pedagogía: volvamos al juego.

Así que me gusta empezar por hablar como robot. ¿Por qué? por que a veces siento que podemos «fabricar» o «maquillar» demasiado el sonido que emitimos al cantar. Cantantes, aquí pecamos mucho de «cantar con muchísimo estilo» la vocalización (que en momentos es muy válido) pero que cuando la instrucción es conocer tu voz pura, debes ser capaz de poder emitir un sonido limpio y libre. Entonces, una vez que logro eso, y que hago mil caras, digo muchas frases para que mi alumno las repita, los hago reír,  comenzamos con palabras y frases: «Hola, ¿cómo estás?» SENCILLO. Algo que hacemos todos, todos los días. Una frase sencilla. Entonces ya que ellos reconoen lo simple, los conecto través de un ejercicio más real a mi objetivo «que conozcan y re-conozcan su voz de pecho». Que vean que tiene graves y agudos, que se estira, que es cómoda e incómoda. Que juntos exploremos qué logra hacer el alumno y sobre todo, se concientice de lo que está sucediendo para que vaya alimentando una independencia (por admitámoslo maestros, los amamos, pero no podemos estar detrás de ellos cuidando cada decisión vocal que toman, y también es lo bonito de esto).

Así que después de 3 voice notes que le envié a mi amiga de aproximadamente más de 3 minutos cada uno (me disculpo, me obsesiona el tema y puedo hablar de esto siempre) Le compartí lo que había funcionado con mis alumnos, con la esperanza de que pueda hacer que su alumna aterrice la idea (no he sabido el desenlace de esta historia, pero fingers crossed!)

Mi consejo aquí es:

  1. Common ground: encuentra un punto de encuentro y conexión (esto va tanto como para el maestro y el alumno, es responsabilidad de ambos involucrarse en el proceso). Todo esto para promover una sesión más amena y relajada, trabajamos con tu cuerpo y necesitamos que estés relajado, querido alumno.
  2. Back to basics: vamos a hablar y platicar primero. Si puedes hablarlo, ¿que crees? también puedes cantarlo! sólo necesitamos encontrar la manera de conectarlo y hacerlo consciente, pero no te preocupes, para eso estamos en clase. Para aprender.
  3. Diviértete: concentrado no significa aburrido. Sé creativo y verás como las cosas solitas se van acomodando.

 

Creo que a veces queremos complicarnos la existencia con la sobriedad y seriedad de las clases, pero a mi gusto, cantar es algo tan intuitivo y experimental que podemos divertirnos y asombrarnos en el proceso. Espero te sirva.

 

Nos vemos en clase.