El éxito de los demás no es mi fracaso

Repita cuantas veces crea necesario

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. No seré la primera ni la última en decir: chingado, quisiera que me pasara a mi. Así que, creo que para ir liberándome de demonios (vaya que es notorio mi background de niña de escuela católica), para ir soltando lo que verdaderamente no necesito y que me hace sentido poniéndolo en palabras.

Mentiría si les digo que todo me alegra. Por supuesto que me alegran los proyectos de mis amigos, sus triunfos. Pero por supuesto que me afecta cuando siento que yo no voy avanzando , o no tengo «nada novedoso» que compartirles en mis redes sociales. Así que, siendo las palabras mi método favorito para «de-compress» les comparto mi reflexión como una artista que prefiere crecer.

Es complejo ¿sabes? el alegrarte y terapearte de que vas a tu tiempo. Este tema tiene tantas aristas que podría desviarse y tratarse de todas las áreas posibles, pero como este es un blog de arte, específicamente de proyectos musicales o escénicos, prometo enfocarme a eso.

Así que va, de un corazón bien abierto a otro:

Por más trillado que suene, vas en el camino correcto. En un mundo de instagram, seguidores y shares es difícil sentir que el agua no sube hasta el cuello, que hay otro feed más cool que el tuyo, que otra canta mejor, es más bonita, más original (o totalmente igual a lo que los demás son hoy en día) que no eres lo suficientemente validado para que la gente te conozca (hola black mirror). ¿te conozca? es solo una pantalla de tu verdadero ser y por más hispter que suene, prefiero ser validada por quién soy en realidad que por la «cropped happiness» que prefiero mostrarles. Una vez de esas tantas que cambiamos nuestra info en redes sociales, leí algo padrísimo que tenía Paty Cantú: «artista, no celebridad».

Fama, que tema tan molesto.

Te confieso que mi vida es de altas y bajas de un 0 al 100 en un tiempo record. Es constantemente cuestionarme qué puedo hacer, qué me falta. Me enseñaron a tener tanta hambre y trabajo que no medimos con amabilidad nuestros valiosos avances.

Te van a decir que no en las audiciones y a tus amigos que sí.

Te va a tocar estar en proyectos que a tus amigos no.

Te va a tocar ser el más apto y preparado y que aun así no te elijan. No tiene nada que ver contigo.

Te va a tocar no poder crear nada será frustrante. Buckle up, respira y sigue. Esto también pasará.

Te va a tocar estar hasta arriba, ser la mejor y bajar al día siguiente. Está bien, disfruta.

Te va a tocar la envidia, que hablen mal de ti y que te den la espalda. Está bien, eres mejor que eso.

Te van a tocar los aplausos, cuando menos lo esperes.

Te va a tocar el silencio, por más que te esfuerces.

Te va a tocar el seguidor, dirigido por tus amigos. Y te va a tocar estar en las butacas, viéndolos brillar.

Te va a tocar picar demasiada piedra, y ver que otros tuvieron pase directo. No te claves, no es tu problema ni el de ellos, solo son cosas.

Te va a tocar, créeme. Todo lo bueno y lo malo, no se puede evitar.

La comparativa es dolorosa cuando no se usa para crecer. 

¿Mi consejo? Crea una autoestima fuerte. Cree en tu valor como artista, pero más importante: como persona. ¿Saben que dije en terapia el otro día? Siento que mi estabilidad emocional, de que no me pasan cosas necesariamente trágicas me hace sentir «menos artista» porque no tengo la necesidad de fabricarme un álter ego o un escape. QUE REVERENDA ESTUPIDEZ, ¿NO CREEN? Ni son más quienes encuentran un escape en el arte, ni somos menos los que no.

No dejes de crear, no dejes de luchar por lo que sueñas. Aunque las estadísticas son importantes para medir, aunque ha de ser increíble tener una cantidad inmensa de seguidores, notificaciones non-stop de lo mucho que la gente le agrada tu contenido, no hay que olvidar que eres ARTISTA y que iniciaste esto, por ti.

Ojo, creo en la sana competencia y por este post podrás notar lo altamente competitiva que soy, sin embargo no dejes que eso te aleje de tus amigos, de tu verdadera esencia o te haga ser una persona que no eres.

En una ocasión reflexioné de lo difícil que es mantenerse con amistades que se dedican a lo mismo que tu. Estar en audiciones y pararnos como competencia para pedir un trabajo y pensar para tus adentros «ojalá yo lo consiga» y sabes qué fue lo más chistoso, que nadie de nosotros lo obtuvo. Y seguimos tan amigos como siempre, sin embargo hubo un periodo donde todo se puso muy sensible, donde era un tema hablarlo. Y qué difícil ¿no crees? querer abrirte con tus amigos, decirles todo lo que sientes, pero no poder porque ambos estamos en ese punto súper tonto donde no nos sentimos con la confianza de compartir.

No se brilla apagando a otros. Hay momentos para todo y todos. Alégrate por el crecimiento de tus amigos, porque automáticamente te hará crecer a a ti. Porque te empujará a seguir trabajando.

Mi segundo consejo: no hables tanto de ti y de lo increíblemente genial que eres. Deja que tu trabajo hable, deja que la gente lo diga. Aprende a elogiar a los demás, de frente y en voz alta, no te hace menos, te hace más grande porque eres capaz de reconocer y apreciar el arte de alguien que conoces.

Tercer consejo: aprende a recibir cumplidos. De tus papás, de tus amigos, de tu pareja. Es bien sencillo recibir mejor algo que viene de un extraño, alguien que no te conoce, a de alguien que sí, qué extraño ¿no? Tampoco se trata de negar los bonitos comentarios por tu trabajo. Le invertiste tiempo y esfuerzo, lo hiciste por ti y también ¿por qué no? esperando a que los demás les guste (el juego mental que les platico) así que recíbelo como es, guárdalo y recurre a él cuando las cosas se pongan un poco grises, créeme, es cuando más los vas a atesorar.

Recuerda: artista, no celebridad. Cuando daba clases de canto en prepa, procuraba hablar de todos estos temas con ellos y en una ocasión les dije, que un cantante o un artista se hacía entrenando duro, trabajando en sus clases de canto, de baile, de música, de expresión corporal, ensayando al mil. Que si lo que querían era la foto brutal en el escenario, se vistieran, se maquillaran increíble y le hablaran a sus mejores amigos fotógrafos para tener una foto increíble con mil likes. No estoy en contra de los likes jaja pero creo que es bien fácil perderse en un mundo de lo extra, de lo increíblemente bonito, joven, glossy.

Así que si en alguna ocasión no he logrado apoyarte como se espera, también te digo que soy humana y que hago lo mejor que se puede, en ocasiones es todo un proceso, pero estoy orgullosa de ti. Y si estás en un grupo, donde no recibes nada de esto, por mejores artistas que sean, cambia. De nada sirve si mutuamente no nos cuidamos y nos hacemos crecer.

Yo creo que una de mis escenas favoritas de  «star is born» es cuando a ella le está yendo bien en su carrera y el chavo no sabe cómo enfrentar esa realidad y ella honesta y directamente le dice que está celoso, que lo acepte y pues a lo que sigue. La vida sería mucho más sencilla así, si tan solo pudiéramos asumir cómo nos sentimos ponerlo a trabajar.

Apoya lo local. Habla, comparte, ASISTE (porque no basta con el apoyo en el mundo digital)

Que los triunfos de los demás solo te hagan sentirte afortunado de poder presenciarlos y llamarlos amigos. Que tu también puedas reconocer los tuyos y seguir trabajando. Porque todos tenemos un momento en la vida. Porque todos merecemos la oportunidad de brillar.

Nos vemos en clase.

Muchas gracias por ser parte de este proceso.

“Muchas gracias por ser parte de este proceso. Desafortunadamente el equipo creativo considera que en esta producción no tenemos algo que ofrecerte”

Entre ni el barullo de la plaza, el ruido interno en mi cabeza de «sí o no», la culpa de la combinación más rara entre un chocolate caliente, crepa de plátano con nutella y las papitas fritas que acababa de comerme, no hubo más que un silencio y calma (creo). Solo era un correo y contenía la frase más temida a recibir por muchos que nos encontramos en proceso de audiciones: Gracias, pero no gracias.

Las preguntas son infinitas, se paraliza el tiempo y la angustia comienza a crecer dentro:
¿Por qué no quedé?
¿Ya terminó todo?
¿Será que me puse el outfit inadecuado?
De seguro notaron mis nervios.
Tanta inversión en cursos y clases ¿para esto?
¿Para qué hacía el viaje si me iban a decir que no? No contaba con ese gasto…
¿Qué es este sentimiento? ¿Por qué decidí intentar esta profesión?
Y la peor: ¿será que no tengo talento?

Alto ahí. Nada ni nadie podrá evitar que sientas estas emociones. La desilusión, tristeza, ansiedad e incertidumbre son etapas que creo necesarias para acreditar tu crecimiento en esta parte de tu historia .

¿Algo que ofrecer? Sabes algo, creo que prefiero pensar lo siguiente: tienes TANTO que ofrecer que para la reducida lista de características necesarias para esta específica producción, resultas inadecuado. Pero es mucho más sencillo darle la connotación negativa en vista del resultado obtenido y que buscamos pertenecer. Conseguir un sueño, quién diría que perseguir un sueño sería sencillo.

¿Por qué es tan complicado? Uy, una infinidad de factores. Puede ser que te sientas tremendamente identificado con el proyecto y sea tu sueño participar, porque quieres probarte en las grandes ligas, y a esto me refiero porque no existen tantas producciones de calidad en donde no solo sueñes con brillar orgullosamente en aquel programa de mano, sino que tengas la oportunidad de trabajar con los mejores, exploten tu talento y te hagan ser el mejor. Eso es complicado.

Volvamos al presente. Voy en un vuelo de regreso a casa, como muchos de mis amigos que tomamos el riesgo de subirnos a un avión a ofrecer tanto, para ver si podíamos acotar lo suficiente. ¿Que cómo me siento? Aún no lo puedo describir muy bien. Pero te cuento así fresquito para alterar la evidencia lo menos posible (procuraré reservarme la edición): me siento orgullosa de mi trabajo, de valorar lo suficiente para no permitir que ésta “negativa” me tumbe como pudo haberlo hecho antes (porque lo admito, lo ha hecho). Porque aunque sea lo que sea (decisiones de perfil o no) yo prefiero pensar que así fue y que lo que entregué en esa audición era honesto, vulnerable y capaz. Me siento triste, porque no avancé. Porque hice un esfuerzo en muchos aspectos que no se si estaba lista y que ahora habrá que enfrentarlo. Me siento cansada, porque dormí fuera de casa, me enfermé del estómago, me bañé con la presión de agua más pequeña del mundo, en un depa pequeño, durmiendo en cama ajena (no tan cómoda pero si acogedora), recordé lo que era tener roomies y caminar grandes distancias con la mochila sobre mis hombros. El comprar un súper, administrarlo. El perder la comodidad de tu auto o las calles conocidas. El recordar disfrutar de perderme en la ciudad, los museos y de las costumbres de la gente. Tlacoyos en la calle y aventarte a probarlos (aunque sea poquito). Me siento valiente, porque la ciudad no me asusta, ni sus historias, ni sus personas. Al contrario, me motivan y me emociona el encontrarme con ese tipo de retos (por más intensa que suene). Me siento sorprendida, de todas estas emociones porque no sabía que esto significaba tanto para mi, lo cual deberé soltar, y procurar contarte lo importante de prepararte y seguir adelante.

Porque tuve la oportunidad de hacer un proceso de audición con gente increíblemente talentosa. Porque tuve la oportunidad de hacer una audición frente al equipo creativo de un musical posicionado en Broadway. Me di la oportunidad.

¿Que te digo? Es maravilloso ver a la gente llegar puntual a sus audiciones. Con partitura bajo el brazo. Verlos a unos concentrados, algunos alejados pero alertas. Con sus termos en mano, sabrá Dios si solo era agua caliente y miel, té, o la bebida que les diera ese extra de seguridad como la pócima que les da Michael Jordan a los Looney Tunes al medio tiempo de los monstars (space jam). Notar sus nervios antes de pasar y darte cuenta que claramente era un espejo a ti mismo. Sus sonrisas al cruzar la puerta y al salir, o algunos suspirar. El ir y venir del staff de producción, que no para, que se les nota cansados de escuchar a tanto cantante, caminar las mismas distancias un día entero y que probablemente sus únicos breaks sean para ir al baño o comer. El reconocer a tu gente y sentirte menos nervioso al menos, dividir el peso al conversar de trivialidades y darte cuenta que estás en una audición y lo “prudente” sería re leer una partitura que ya te sabes.

Que si tomas agua. Que si mejor ya no. Que si las pastillitas de propóleo, los granitos de sal o las ocasionales trompetillas de algún vecino o vecina. El sentarte en las mesitas altas porque están más cerca de la puerta o mejor pararte. Pensarle para ir al baño para que no te vayan a regañar por ausencia. Escuchar tu nombre acompañado de un “prevenido” y que la electricidad te recorra el cuerpo. El notar que alguien viene completamente solo, está nervioso y no sabe si puede integrarse a tu grupo (puedes hablarle, ser competitivo no significa no ser amable).

Que ¿qué fue lo que sucedió dentro de la sala?. Te puedo contar parte por parte. Cómo llevaba el suéter negro, mis botitas y la falda rosa (que es cómo mi signature en la vida y aún no entiendo cómo llegué a eso dado que es un color que detestaba, pero ok de vuelta a la historia). Cómo abracé mi book para sostener cada parte de mi. Como ví al piso y al levantar la mirada sonreí, ví la puerta abrirse y al escuchar: «Jimena, adelante» caminé con seguridad. Cómo dejé mis partituras en el atril, observé el cuarto, saludé a todos los presentes en español y posteriormente en inglés (porque sentía que sería demasiado descortés al no hacerlo). Cómo me pidieron interpretar la pieza, sentí la electricidad, los nervios y dije: DÉJATE IR. Y así fue. Conté una historia, aproveché mi momento. Terminé y lo más inesperado y agradable fue recibir comentarios positivos.

Suena bien padre, ¿no crees? Tantos comportamientos sociales, todo en un periodo de 30 min a 1 hr. Por eso mi insistencia de: ve, lánzate a la audición, vívelo tú y cuéntame tu historia.

Hoy mi historia no es como maestra, sino como cantante. Cómo empaque y me fui de casa pensando que ahora sí estaba empezando un proceso que podría llevarme lejos de todo lo que tenía tan cerca. Y aunque suene bien dramático (finalmente así somos los artistas) ya estoy de vuelta, créeme que aquí es donde te das cuenta de qué estás hecho, tú y tus sueños. El pasar una sensación de ansiedad que jamás había experimentado: “te avisamos por correo”. Mejor me hubieran dicho que me moría (broma). Pero siendo honesta pensé: “y ¿si sí?. Ay nanita, ¿qué implicaría? No había llegado tan lejos, no había experimentado esta madurez y comentarios positivos. Ese día, había caminado muy lejos de casa, y aunque no soy muy apegada, por unos minutos, mi mundo comenzó a desmoronarse, con la promesa de construir algo nuevo y diferente.

Volvemos al inicio de mi historia. Tres personas en una mesa en una plaza donde mi historia pasaba junto a la muchísimas más. Con el celular en la mano, dando refresh sin parar pensando «ok, sí, va» y justo antes de que mi mente pudiera divagar más, recibí el “fatídico” correo. Pensé que desataría otro tipo de emociones en mi, pero aparentemente no lo fue. Me sentí de alguna manera, libre. Y por supuesto al día siguiente, muy enferma de tanto estrés.

El viernes volé a casa, siempre volando en mi cabeza. Los sentimientos por todos lados, porque tuve un pequeño destello de un mensaje del universo que continuamente me dice: esto podría ser. Me lo dijo cuando decidí cantar un solo por primera vez y quedé. Me lo dijo cuando decidí audicionar en proyectos de escuela y quedé. Cuando quise audicionar a AMDA y me ofrecieron una beca (pero no pude asistir). Cuando tomé el primer vuelo y tuve el primer callback. Esto siempre podría ser, pero ¿estaré lista? ¿Será el tiempo? Creo que cuando es para ti, es que la vida lo cruza en tu camino. No hay casualidades. Solo señales en el viento.

Antes de que consideres que mi historia puede ser un second best o un fin más de cualquier cantante en un filtro muy pequeño, no terminé de contarte que mi correo concluía con: “Gracias, nos vemos en las próximas audiciones”. Por supuesto, genérico para darse abasto con la cantidad de personas a enviárselo. Pero la diferencia es que yo reconozco que mis sueños, mis ideas, yo no lo soy. Así que, sí, gracias. Por la oportunidad de escucharme, pasar filtros y permitirme hacer una audición frente a los grandes. Gracias a mis maestros que me prepararon para este momento. a cada persona que se tomó el tiempo de mandarme buenas vibras y apoyarme en mis momentos de duda. Por supuesto que me verán con muchísimo que ofrecer, abrazando con valor nuevamente esta vertiginosa incertidumbre.

Nos vemos en las próximas audiciones.